El Ayuntamiento justificó la cesión de la S-9 diciendo que era un equipamiento «infrautilizado». Es verdad que lleva veinte años vacía. La pregunta es de quién es la responsabilidad.
dato La palabra la eligieron ellos. En su nota oficial del 8 de abril de 2026, el Ayuntamiento describió la operación como la cesión de suelos «destinados en su origen a equipamientos públicos que con el tiempo han quedado infrautilizados». Nota oficial del Ayuntamiento ↗
Detengámonos en esa palabra: infrautilizados.
Una parcela de equipamiento no se programa sola. No decide sola si será una biblioteca, un centro cívico o un polideportivo; no se asigna sola un presupuesto ni una fecha. Eso lo hace —o lo deja de hacer— la administración que la tiene a su cargo. Y en veinte años, no nos consta ningún proyecto, ningún programa y ningún presupuesto públicos para la parcela S-9. No hemos encontrado un solo documento accesible que diga qué equipamiento iba a construirse allí, cuándo y con qué dinero. Si existe, pedimos verlo — llevamos desde julio pidiéndolo.
dato Y cuando el barrio pidió, por registro, que se estudiara — un estudio de necesidades, como el que el propio Ayuntamiento hizo para el futuro centro de salud del distrito — la respuesta fue el silencio que hoy suma ya más de sesenta días.
«Infrautilizada» no es un diagnóstico: es una confesión. El suelo no falló al barrio; falló la programación. Y la solución a veinte años de no hacer nada no puede ser que la parcela desaparezca — es empezar a hacer algo: estudiar qué necesita un barrio proyectado para 70.000 vecinos que sigue sin biblioteca, sin instituto propio y sin centro cívico suficiente, y construirlo.
propuesta No pedimos nada extraordinario. Sí a las 400 viviendas — en el abundante suelo residencial del propio barrio. Y la S-9, programada de una vez para lo que nació: servir a los vecinos que ya viven aquí.